Michel Sauval - Psicoanalista Jacques Lacan, Seminario "La angustia", Lectura y comentarios de Michel Sauval

Notas y comentarios
Sesión del 6 de marzo de 1963

Angustia y caída del objeto

Para analizar la relación planteada entre la angustia y la caída del objeto a, en el tercer esquema de la división subjetiva (ver notas y comentarios), Lacan recurre a las siguientes referencias.

Los ojos de Edipo

En primer término, Edipo arrancándose los ojos (1), una vez que "ve lo que ha hecho" (poseer el objeto del deseo y la ley, gozar de su madre) (2). Lacan señala que "al haber arrancado sus ojos de sus órbitas, evidentemente a perdido la vista. Y sin embargo, no deja de verlos, de verlos en cuanto tales, como el objeto causa, por develado tras la concupiscencia última, la más extrema - no culpable, sino fuera de los límites - la de haber querido saber" (3), Lo que Lacan quiere precisar con ello es que el momento de angustia no es cuando se arranca los ojos, sino "la imposible visión que te amenaza, de tus propios ojos por el suelo" (4)

Los cuadros de Zurbarán

Para mostrar que esta referencia a los ojos como objeto no es tan excéntrica, remite a dos cuadros de Zurbarán (5), expuestos en ese momento en el Museo de Artes Decorativas. El de Santa Lucía (6), con los ojos en el plato, sigue, en cierto modo, la línea del ejemplo de Edipo. En cuanto a los senos de Santa Agata, adquieren una función similar desde esa posición de "testigos" que les otorga el martirio que condujo a su separación.

Sin embargo, por terribles que puedan parecer, Lacan señala que "esas imágenes cristianas no son especialmente mal toleradas" (7). Las "muecas de disgusto" que, incluso, podrían generar en algunos, como por ejemplo la repugnancia que testimonia Stendhal frente a los frescos de las paredes de la basílica de Santo Stefano (8), no llegan a introducirnos en el orden de la angustia.
Pero si nos presentan "aquello que en este caso puede constituir - no nos privamos de ello - el objeto de nuestro deseo" (
9). Para que pudiera producirse algo en relación a la angustia, "convendría que el sujeto se encontrara implicado allí más personalmente, que fuera sádico o masoquista, por ejemplo" (10). ¿Porqué?

Sadismo y masoquismo

Ya hemos analizado antes la estructura del deseo sádico (ver notas y comentarios) y la posición del masoquista (ver notas y comentarios). Lacan vuelve a recurrir a estas referencias para dar cuenta de la posición del objeto en relación a la angustia.

Lo que el masoquista enmascara con "su fantasma de ser el objeto de un goce del Otro", con su juego de ponerse "en la función de la piltrafa humana", de "pobre desecho de cuerpo separado", es lo que realmente busca en el Otro, a saber, "la respuesta a esa caída esencial del sujeto en su miseria final, y dicha respuesta es la angustia" (11). Es a esta angustia a lo que el masoquista apunta, ciegamente (en la medida en que su fantasma se la oculta).

Lacan asocia a esta posición masoquista a la aventura de Cristo, aquél que "lleva las cosas hasta el último término de una angustia cuyo ciclo sólo se cierra verdaderamente en aquél para quien se instauró el sacrificio, o sea el Padre" (12). Ese cambio radical en la perspectiva de la relación con Dios que implica el cristianismo se inicia con "una pasión, en la que alguien se hizo el alma de Dios. El lugar del alma debe situarse en el nivel de a de residuo, de objeto caído" (13)

En cuanto al sádico, la angustia está menos escondida, a punto tal que queda "en primer plano en el fantasma, que hace de la angustia de la víctima una condición exigida" (14), para lo cual, la referencia al Otro, en cuanto tal, le es fundamental. No por casualidad Dios está por todas partes en el texto de Sade.
Lo que el sádico busca es, de algún modo, "el reverso del sujeto (...) el paso al exterior de aquello que está más oculto", momento que "sigue siendo del todo impenetrable para el sujeto, y le enmascara el rasgo de su propia angustia" (
15)

Como vemos, en el sádico y en el masoquista, "angustia y objeto se ven llevados a ocupar el primer plano, un término a expensas del otro. En estas estructuras se denuncia el vínculo radical de la angustia con el objeto en tanto que cae. Su función esencial es ser el resto del sujeto, resto como real" (16)

Notas

(1) Sófocles, "Edipo Rey" (disponible aquí), "Edipo en Colono" (disponible aquí)
El momento en que se arranca los ojos, en "Edipo Rey", es cuando descubre a Yocasta muerta: "se precipita en la habitación en la que contemplamos a la mujer colgada, suspendida del cuello por retorcidos lazos. Cuando él la ve, el infeliz, lanzando un espantoso alarido, afloja el nudo corredizo que la sostenía. Una vez que estuvo tendida, la infortunada, en tierra, fue terrible de ver lo que siguió: arrancó los dorados broches de su vestido con los que se adornaba y, alzándolos, se golpeó con ellos las cuencas de los ojos, al tiempo que decía cosas como éstas: que no le verían a él, ni los males que había padecido, ni los horrores que había cometido, sino que estarían en la oscuridad el resto del tiempo para no ver a los que no debía y no conocer a los que deseaba"
Ver Sófocles en
Wikipedia

(2) Jacques Lacan, El Seminario, Libro X, La angustia, Editorial Paidos, página 176.

(3) Idem

(4) Idem

(5) Idem, página 177
Ver notas sobre los
cuadros de Zurbarán

(6) Hay tres cuadros de Santa Lucía atribuidos a Francisco de Zurbarán. Ver notas sobre posibles malentendidos

(7) Jacques Lacan, op. cit., página 177

(8) "San Stefano no Rotondo" es una antigua basílica romana (ver en Wikipedia) ubicada en Monte Celio (una de las 7 colinas de Roma, ver en Wikipedia). Fue la primera iglesia circular (inspirada en el Santo Sepulcro en Jerusalém). Data del 470, y fue dedicada al protomartir San Esteban (ver en Wikipedia). Entre los detalles relevantes cabe señalar que en sus paredes hay frescos de Niccoló Pomarancio (Niccoló Circignani) y Antonio Tempesta (del 1600), representando 34 escenas de martirios (decapitaciones, aceite hirviendo…)
Stendhal, por su parte, es el seudónimo de Henri Beyle (ver en
Wikipedia). En 1815 se fue a vivir a Milán y plasmó su amor por Italia en un diario de viaje titulado "Roma, Nápoles, Florencia". Se ha vuelto famosa, con el nombre de "síndrome de Stendhal", la descripción que hace de la experiencia de su visita a la basílica de Santa Croce, en Florencia, una especie de éxtasis y mareo que le ocurre al contemplar una acumulación de arte y belleza en muy poco espacio y tiempo.
Stendhal comenta los frescos de las paredes de Santo Stefano en ....

(9) Jacques Lacan, op. cit., página 177

(10) Idem

(11) Idem, página 178

(12) Idem

(13) Idem

(14) Idem, página 179

(15) Idem

(16) Idem, página 180

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